lunes, 22 de febrero de 2016

Prólogo.

Prólogo.



No estoy cansado, ni tengo sueño, y eso que son las tres de la madrugada y acabo de tener un vuelo de casi once horas.
Me llamo Cedric, y desde hace cuatro años, soy auxiliar de vuelo, años en los que me he pasado de avión en avión, hasta el punto en el que no sé qué hacer al aterrizar y no tener más trabajo.
Tras aquel vuelo tan largo, me encontraba en Ottawa, ciudad en la que vivía desde que me fugué de casa de mis padres hace un par de años.
Ya que no tenía nada que hacer, fui a mi piso, aquel que había alquilado pero que evitaba cada vez que volvía a la ciudad, en los 
Se me hacía curioso ver cómo no recordaba las calles de aquella ciudad, había soñado con vivir ahí un tiempo, y después de conseguirlo, no le dedicaba el tiempo que se merecía, al igual que a mi vida fuera del trabajo. Cosas que pasan cuando...bueno, esa historia para más adelante.
Lograba recordar donde estaba el piso porque llevaba un papel siempre conmigo en el que había escrito la dirección. Podía recordar todos los aeropuertos en los que había estado el último mes, pero no donde vivía, lo básico para ser yo.
Era impresionante ver la cantidad de lugares que iban pasando de largo mientras estaba en el taxi, lugares que algún día quise que fuesen mi rutina. Veía aquellas cafeterías a las que iría a desayunar los fines de semana, aquellos pubs en los que sería cliente habitual y que al llegar un camarero me preguntase,"¿Lo mismo de siempre?".
Llegaba a la calle, y al bajar del taxi, lo primero que hice fue ir a beber una cerveza al bar que había debajo de mi piso, ese lugar sí que lo recordaba.
Tras unas cervezas y reencontrarme con viejos amigos, el dueño del bar básicamente, subí a mi piso.
Lo sentía un tanto frío, en el salón sólo había un sofá y una mesilla con la televisión, la nevera estaba vacía y mi habitación. Dios.
Por un momento, me había planteado cuan triste era mi vida, que no tengo ni una mesa para sentarme a comer, ni estanterías llenas de libros que en su momento leí y volvería a leer.
Como son las cosas, que necesitaba salir de una casa a la que había llegado, porque me sentía agobiado. En su lugar preferí salir al balcón e intentar relajarme.
Al salir, me encontré con la vista de una bonita y pequeña plaza que...


-¡Hey!

-¡Joder!